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Amigos por Siempre

En la cola había un montón de gente. Estaba ahí porque iba con mi esposa a pasar la luna de miel: primero un rato en Orlando para ir a Disney y luego la iba a dejar unos días con una tía de ella que vive en Miami mientras yo hacía unas diligencias en una ciudad de Virginia llamada Langley donde unos del gobierno americano querían encontrase conmigo. No sé por qué en Virginia y no en Nueva York o Washington. ¿Qué cosa del gobierno habrá en Virginia que no en esas otras ciudades? No lo sé porque no me dio tiempo de averiguarlo en Wikipedia. Lo cierto es que a lo que voy es algo serio, porque así me lo hicieron notar.
En la cola abrí mi Facebook desde mi teléfono para matar el fastidio. Generalmente no estoy pendiente de eso, porque no tengo tiempo. Esa responsabilidad se la delegué a mi manager, ella agrega a todo el que quiera ser mi amigo y se encarga de responder y de escribir cosas como si fuera yo. Mientras estaba en la cola leí algunos comentarios de mi Muro:

“Luis Vicente Guia ha escrito a las 06:58
LA VENGANZA DE SOTO NO ES INCENDIAR EL PAIS, SI NO DEFENDER LOS VOTOS EL 23N Y SACAR A ESAS LACRAS: UNA POR UNA, Y PARA SIEMPRE!!

Estos tipos de comentarios me emocionan mucho. Hay otros que me fastidian. Son de esos que hacen las personas por jalabolismo, lo habían escrito el mismo día:

“Jaime Moya Pulgar ha escrito a las 08:29
hola yo ,me llamo Jayme, soy bastante fan tuyo, gracias por ser mi amigo. Eres la primera persona delatelevision q me hacepta. Los amigos de verdad se cuidan los unos a los otros y cuando existe una amista de verda nada puede interrumpila. Espero que x 100pre seamos amigo. AMIGOS X SIEMPRE!!!!!”

Luego están los nulos:

“Arnaldo Espinoza ha escrito a las 13:57
FUERZA HERMANO!!”

La cola de inmigración estaba avanzando cuando mi esposa me hizo notar que unos policías me estaban llamando. ¡Qué fastidio!, ¿qué querrán esos carajos?, no les daré plata.

Jaime siempre ha pensado que su compañero y él son como una especie de Pinky y Cerebro venezolanos. Claro, pero al revés, porque Jaime es Pinky y gordo y Cerebro es Yorgel, pero él es flaco. Jaime había conseguido el trabajo en el aeropuerto gracias a un pana que es amigo de su esposa que trabaja de facilitador en Misión Robinson, pero que tiene un primo que trabaja en el Inac. Él siempre pensó que para trabajar en el aeropuerto, así fuera de seguridad, había que tener un título de licenciado en algo, pero después Yorgel, que es más inteligente que él –según lo ve Jaime– le hizo notar que no era así. “Ni siquiera los pilotos de los aviones tienen títulos –le dijo Yorguel a Jaime un día– eso es pura paja de esa que hablan en la televisión. Manejar un avión es como manejar un carro, sólo que tienes que apretar un botón para prender las alas”. Cosas como éstas le decía Yorgel a él todos los días.
En el trabajo a veces les tocaba estar en la parte del detector de metales, otras veces en inmigración con unos perros y otras veces en la entrada viendo a las personas. A Jaime siempre le gustaba ver los pasaportes de las personas porque se imaginaba los sellos de otros países y coleccionaba en su mente los de países raros. Yorgel siempre le decía que eso era una estupidez, pero Jaime no le hacía caso; “a Yorgel lo único que le gusta es matraquear a los gringos cuando montan cosas ilegales en los aviones”, pensó Jaime. Él nunca fue totalmente sincero con su compañero, por ejemplo éste nunca supo que Jaime tenía Facebook y que se había hecho amigo de Yon Goicoechea.
Jaime soñaba con conocer a Yoni algún día, porque era la única persona de la televisión que lo había aceptado en Facebook, y su sueño más grande era poder hablar con alguien que hubiera salido en televisión, y ya había logrado algo: Yon y él eran amigos (aunque nunca hubieran hablado Jaime sentía una satisfacción al ver esa palabra en su perfil y ver la foto de Yon). Imagínense qué pasaría si Yorgel se enteraba de esto. Mínimo hacía que lo botaran del trabajo y del PSUV. Cuando Jaime le confesó que no había ido a votar el 2D porque pensaba que Chávez iba ganar igual, Yorgel no le dirigió la palabra por dos meses (a veces a Jaime se le olvidaba y le decía ¡hola! y Yorgel le respondía “por tu culpa perdimos las elecciones” y le reviraba los ojos y se iba) desde ese día Jaime aprendió a decirle algunas cosas a su amigo y algunas otras no.
Un día de aeropuerto Jaime vio a Yoni en la cola de inmigración. Estaba con una mujer, se veía aburrido y parecía jugar con su celular. Jaime quería correr a saludarlo y preguntarle ¿te acuerdas de mí? Soy tu amigo de Facebook, pero pensó que Yorgel podía verlo hablando con él. No sabía qué hacer, así que pensó que la manera más adecuada de hablarle era revisándolo. Entonces buscó a su compañero. Yorgel estuvo súper emocionado con la noticia, pensó en los dólares que podría hacerse si le conseguían algo al muchachito. Yorgel le dijo a Jaime que buscara a la gente especial de inmigración para que atendiera a Goicoechea y luego caminó hacia el guerrillero tirapiedras pequeñoburgués –como lo llamaban en su barrio– con una pistola detectora de metales y con voz altanera le dijo: “Muchacho, necesito revisarlo, venga”

Vi a mi esposa y en su cara había una expresión de qué más vamos a hacer, ya me acostumbraré, cielo. Caminé y vi al pendejo flacuchento que me iba a revisar. Me resigné y abrí mi maletica de mano, ahí frente a todo el mundo. Después de esto iba a tener que llamar a Federico. ¡Qué ladilla!, pensé. Dejé que le metieran mano a mi maleta y me calé las altanerías. El tipo no encontró nada y se iba a ir cuando llegaron tres más.

Jaime les dijo a los agentes especiales de inmigración que había venido Yon Goicoechea. De inmediato éstos les dieron las gracias, agarraron un aparato parecido a un escáner y una computadora portátil. En el camino Jaime les pidió un favor. “¿Pueden conseguirme una fotocopia de los sellos su pasaporte?”. Los agentes especiales de inmigración no se negaron, dijeron que lo harían por órdenes superiores y Jaime se puso muy feliz.
Dos de los tres tipos se metieron en una casilla especial de inmigración y me llamaron. En el camino el otro tipo, uno gordito, que acababa de llegar me dijo que tenían que revisarme la maleta. Luego se me acercó y me dijo al oído: “tranquilo, Yoni, no te pasará nada, recuerda que somos amigos”. Me imaginé que era un luchador social infiltrado en todo esto y que sólo lo hacía por el trabajo, así que no quise delatarlo y le dije “gracias, amigo, eres un buen hombre”. Se veía súper alegre y se puso a revisar mi maletín. El flacucho le dijo que él ya había hecho eso, pero mi amigo el luchador social le dijo que quería cerciorarse. Después me devolvió mi maletín y me acompañó a la caseta que habían abierto sólo para mí.

Jaime revisó el maletín de Yoni. Tenía cosas muy finas. Unas cartas de Uno, un emepecuatro muy raro con el dibujo de una manzana mordisqueada, dos condones (usa Durex –para Jaime son muy caros, prefiere los Te amo–), un libro que no le interesó, unos papeles y unos lentes. Él estaba súper contento, Yoni se había acordado de él y le había dicho amigo. Claro, aquí tenían que disimular porque estaba Yorgel, pensó Jaime. Luego lo acompañó a la caseta. El agente especial de inmigración de una manera súper educada (a Jaime le pareció que hablaba como una aeromoza) le dijo que necesitaba una copia de su pasaporte, que si era posible. Entonces Yoni dijo que él no tenía nada que ocultar y en vez de darle el pasaporte a los de inmigración se lo dio a Jaime que estaba a su lado viendo.

Le di mi pasaporte al luchador social y éste sin pensarlo lo abrió y no se puso a ver si era yo el que salía en la foto, sino que fue a ver a qué países había ido. El tipo estaba como bobo embelesado viendo y pasaba cada una de las hojas con lentitud y bobaliconería. Por un minuto todos nos lo quedamos viendo hasta que el flacucho le dio una palmada el cabeza muy fuerte que éste tuvo que darle el pasaporte al de inmigración. Éstos lo pasaron por una máquina rara (que al parecer le sacó una copia), me lo devolvieron sellado y por fin pude pasar al Duty Free. Antes de irme, volteé para ver al luchador social y éste veía como me iba con una cara muy triste. Le piqué el ojo y él también lo hizo y movió su boca, pero no alcancé a ver qué decía. Luego llamé a Federico y le dije “Alberto, necesito salir al aire urgente” y conté todo, fui aplaudido y entendido por toda Venezuela.

Antes de irse, Yoni le había picado el ojo a Jaime y éste le murmuró, para que Yorgel no escuchara, “amigos por siempre”. Más tarde, cuando Jaime llegó a su casa pasó toda la noche pensando si Yoni había logrado entender su última frase. Su esposa, como vio que no dormía, le preguntó que qué le pasaba y él le contó todo. Ella se molestó con él y lo mandó a dormir para el sofá. Al día siguiente lo habían botado del trabajo porque su esposa le había contado a su amigo; su amigo a su primo del Inac; éste a Yorgel y Yorgel a sus jefes y a la comitiva del PSUV.

Comentarios

Manuela Moore ha dicho que…
¡Qué vaina tan buena! ¡Cómo me pude reir! Además ese cambio de narradores te quedó estupendo y lo hacías justo en el momento perfecto. Y el pobre tipo gafo fan de Yon Goicochea es un vacilón. ¡Jajajajaja! Buenísimo, en serio. Me encantó.
Ricardo Andrade ha dicho que…
Qué buen cuento Moisés! Desde hace tiempo quería visitarte por tu blog y hoy es cuando he podido hacerlo, y ¡con qué placer! Me ha agradado mucho leer esta especie de entretelón de lo que pasó en el aereopuerto con un personaje que, como bien dejas ver, es una figura "sensacional".
Te leo y es como si tuvieras toda la vida escribiendo porque admiro la facilidad con que "ficcionalizas" una noticia de periódico, cosa que me entusiasma e interesa muchísimo, y que juzgo difícil. Son varias cosas las que hay que celebrar de este cuento, pero como lector lo mejor que te puedo decir es que me ha gustado mucho. Sigue explotando ese talento de narrador!
Nos vemos en el camino!
Leonardo ha dicho que…
Jajaja, que bueno Osito, me gustan mucho tus cuentos. Vamos a tener que hacer algo juntos (epa, eso no sonó bien). Nos vemos!

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